“Sembrando Palabras” es un proyecto profundamente significativo para el fortalecimiento de tres lenguas originarias de México: chinanteco, tutunaku y tu’un savi, que, bajo la metodología maestra-aprendiz, reunió a 12 maestras y a tres coordinaciones para que niñeces y jóvenes se conviertan en nuevos hablantes dentro de sus comunidades.
Este esfuerzo colectivo y comunitario se realizaron en cuatro escuelitas Chinantecas: una en Villa Nueva y tres en Río Manzo en la región de Papaloapan, al igual que otras tres en San José del Progreso y Villa de Tututepec, en la Costa de Oaxaca. Otras cuatro escuelas Totonacas en Ixtepec, en la Sierra Nororiental de Puebla.

A lo largo del proceso, las participantes dieron a conocer numerosos desafíos, entre ellos el racismo, la discriminación lingüística, sobre todo la falta de espacios para hablar sus idiomas poniendo el riesgo su transmisión, así lo recordó el representante de bienes comunales de Río Manzo, quien compartió que en ocasiones anteriores se habían intentado procesos similares, pero muchas escuelas no permitían el uso del chinanteco en las aulas.
Pese a estas barreras, las historias del proyecto muestran que la resistencia, el cariño y la voluntad colectiva permanecen firmes. La maestra Margarita, relató que, aunque sus padres hablaban chinanteco, no se lo enseñaron; fue una vecina quien la acompañó en sus primeros aprendizajes. Hoy, ella enseña la lengua “con todas sus fuerzas y esperanza en las niñeces”.
La alegría de aprender desde la vida
El proceso estuvo lleno de descubrimientos para las niñeces. Algunas niñas compartieron que se sienten felices porque al aprender los nombres de las plantas en su lengua, entendieron que ese conocimiento puede salvar vidas, pues la medicina tradicional conserva saberes esenciales para la salud y el bienestar.

Otros disfrutaron profundamente jugar, cantar, escuchar historias, cuentos y leyendas, reconociendo en cada palabra un puente hacia su identidad. También realizaron bordados, comprendiendo a través de sus diseños la manera en que su cultura observa la naturaleza, el territorio y la memoria de sus abuelas y abuelos.
Una metodología en la esperanza
La metodología maestra-aprendiz mostró que el aprendizaje fluye en todas las direcciones. Varias maestras narraron que las niñas y los niños ya conversan con sus familias, y cuando regresan al aula con nuevas palabras y conocimientos, se los transmiten a ellas.
En este intercambio, la maestra Juana señaló que es una fuerza que “sana, levanta y anima a seguir enseñando a las niñeces”.

Para muchas participantes, esta experiencia se convirtió en una metodología de la esperanza, una prueba viva de que es posible volver a hablar las lenguas originarias y reencontrarse con la alegría de nombrar animales, plantas, objetos y de dialogar con las y los abuelos.
Sembrar futuro
“Sembrando Palabras” es la expresión de una voluntad colectiva que decidió apostar por la vida de las lenguas y por el derecho a nombrar el mundo desde la propia raíz.

Este proyecto fue posible gracias al acompañamiento de Séptima Generación, la agencia de noticias Notimia, sobre todo de todas las personas y comunidades que sembraron, con paciencia y cuidado, estas semillas de futuro.
Texto/Fotos: Malinalli Martínez