El 8 de marzo, no solo marchamos; nos acuerpamos. Desde nuestras voces, que también son de nuestras ancestras, y desde las voces colectivas de nuestros pueblos; reivindicamos que la lucha no es solo por la igualdad de derechos dentro de un sistema que nos oprime, sino por la sanación y en defensa de la Red de la Vida.
Para nosotras, el territorio no es un recurso: es una extensión de nosotras mismas. Por eso, no hay liberación de la mujer sin la liberación de la Madre Tierra. Denunciamos el extractivismo que violenta nuestros cerros y ríos, lagunas selvas y mares, porque es la misma violencia patriarcal que intenta disciplinar nuestros cuerpos. Nuestra resistencia es intergeneracional: somos el eco de las abuelas que guardaron las semillas y el aliento de las hijas que hoy defienden el agua.
Cuestionamos el feminismo hegemónico que olvida la raíz. Nuestra apuesta es la comunalidad, el cuidado colectivo y la justicia restaurativa. No queremos ser iguales al opresor; queremos construir un mundo donde la vida esté en el centro.
La juntanza y la escucha constante nos ha hecho nombrar las violencias del Estado y las instituciones; pero, también con dolor, miedo, impotencia y rabia, nombramos las violencias en los espacios de lucha, esos en los que hemos puesto nuestra energía, trabajo, fe y que han representado el eje de nuestros sueños y vida. Sin embargo, no hemos parado de recibir violencia constante de los espacios que deberían sostenernos. ¿Cómo construir el mundo que soñamos cuándo nuestro territorio-cuerpo es violentado por nuestros mismos compañeros y compañeras de lucha?
Este 8M es fundamental y urgente gritarlo, alzar la voz fuerte por nosotras, por nuestras compañeras y por las que vendrán. Nosotras también hemos sido fiscalizadas, perseguidas y cuestionadas por los patriarcas al decidir organizarnos sin pedirles permiso.
A las organizaciones de defensa territorial y colectivos artísticos: El silencio no es neutralidad es complicidad. El silencio es la infraestructura que permite que la violencia contra las mujeres siga ocurriendo. Les exigimos tomar una posición clara, pública, verificable.
A las organizaciones denunciadas
Tienen una deuda histórica con las mujeres que ayudaron a fundarlas y con todas las víctimas. ¿Cuándo van a responder? ¿Cuándo van a asumir responsabilidad? ¿Cuándo van a implementar los protocolos que ustedes mismos elaboraron?
Los casos se multiplican y el patrón se repite:
Hay denuncias de acoso sexual, abuso de confianza, abuso de poder, grooming, transgresión emocional en espacios de trabajo comunitario, protección institucional del agresor.
Hay denuncias de asambleas que impusieron perdón para el acosador, bajo el argumento de «proteger el prestigio de la organización».
Compañeras son objeto de campañas de difamación por una fotografía, señaladas de “traidoras” sin que nunca se le convocará ni se le diera oportunidad de explicar. Las calumnias ponen en riesgo la integridad y seguridad de quienes enfrentan intereses poderosos de empresas y del Estado. Difundir mentiras en ese contexto es sumamente grave, pues expone a quienes defendemos el territorio ante quienes buscan deslegitimar luchas, criminalizar o atacar.
Compañeras documentaron un proceso sostenido de apropiación personal, autoritaria y excluyente de su colectiva, y denunciaron la utilización de tácticas de desgaste, división interna, violencia económica y política contra mujeres indígenas en razón de género. Se presionó mediante sueldos, se ocultó información, se distorsionó la verdad y se ejerció violencia simbólica y psicológica contra quienes denunciaron este proceso. Y se silenciaron denuncias de acoso sexual.
Estos no son casos aislados. Son manifestaciones del mismo patrón:
Apropiación de proyectos colectivos por individuos que concentran poder
Campañas de desprestigio contra mujeres que cuestionan o denuncian
Difusión de información falsa que genera división y confusión
Ausencia total de transparencia, rendición de cuentas y mecanismos de fiscalización
Protección de agresores mediante pactos de silencio
Expulsión o marginalización de mujeres fundadoras por patriarcas de organizaciones que dicen ser de izquierda, sin embargo, replican violencias hacia compañeras.
Uso de mujeres por “líderes” para sustituir, excluir y anular las voces de compañeras que cuestionan el patriarcado en las redes y colectivas de lucha.
A las redes de defensa territorial en Abya Yala
Esta es una prueba de fuego. Las denuncias que muchas compañeras han hecho este #25N, #8M y antes nos obligan a mirarnos en el espejo. ¿Estamos realmente construyendo espacios seguros o estamos reproduciendo las mismas violencias que el sistema nos impone?
Como expresan compañeras: “Nuestros espacios han pasado de ser un espacio de encuentro entre pueblos hermanos, a parecer una arena política donde se dirimen conflictos personales, rivalidades y disputas de poder. Eso no construye, destruye. No fortalece al movimiento indígena, lo debilita.» ¿Compañeras, es esto lo queremos para nosotras que miramos y luchamos por presentes y futuros donde podamos vivir libres de violencia y en comunidad?
Necesitamos cuestionar el poder, esté donde esté. Seamos capaces de imaginar y crear espacios con otras miradas y en verdad construida colectivamente.
A las organizaciones financiadoras:
Tienen responsabilidad directa en estos casos. Ustedes financian organizaciones que protegen agresores y expulsan a mujeres fundadoras que denuncian. No pueden seguir financiando la impunidad.
Exijan:
Protocolos implementados, no solo elaborados
Rendición de cuentas real y verificable
Transparencia sobre estructuras de gobernanza y manejo de recursos
Mecanismos de fiscalización que impidan la concentración unipersonal de poder
Evidencia de que existen asambleas, contrapesos y toma de decisiones colectiva
Retiren el financiamiento donde no haya voluntad de transformación. Cuando financian proyectos donde una sola persona controla la cuenta bancaria, toma todas las decisiones y no rinde cuentas, están financiando estructuras autoritarias disfrazadas de colectividad.
A cada persona que trabaja en movimientos sociales:
Rompan los pactos de silencio. Ningún «cambio social» justifica la violencia. Ningún prestigio individual vale más que la dignidad colectiva.
Si en tu organización estas presenciando casos similares y han sido silenciados: es momento de actuar. Si tu colectivo no tiene protocolo: es momento de construirlo. Si tu espacio protege a los agresores o ignora las violencias: es momento de renunciar o transformarlo radicalmente. Compañeras, tenemos una lucha larga contra el patriarcado, basta de callar, de solapar por tener privilegios, basta de pensar que necesitamos pedir permiso para accionar o organizarse y servir a referentes de lucha para ser aceptadas en los espacios de lucha.
Como expresaron compañeras en su denuncia: «Han mentido, dividido, hostigado y ejercido acoso sexual. Estas acciones lastiman las luchas comunitarias.»
Invitación formal a generar:
Protocolos de prevención y atención a violencias de género en cada colectivo que se implementen, no que solo existan en papel mientras protegen a los señalados.
Espacios de formación política sobre patriarcado, poder, masculinidades y violencia en movimientos sociales.
Redes territoriales de cuidado mutuo y respuesta rápida que operen más allá de las estructuras de cada organización.
Cultura de rendición de cuentas que priorice el cuidado colectivo sobre figuras individuales y prestigios institucionales. Esto incluye:
Transparencia total sobre manejo de fondos y quiénes tienen acceso
Mecanismos claros de toma de decisiones (asambleas, votaciones, consultas)
Sistemas de contrapesos que impidan concentración unipersonal de poder
Auditorías participativas y reportes públicos
Mecanismos de memoria y documentación que impidan que estas denuncias desaparezcan o sean olvidadas, deben servir como referencia para identificar patrones y prevenir su repetición.
Para las víctimas y sobrevivientes
Si has vivido violencia sexual, acoso, abuso de poder o cualquier tipo de agresión en espacios de organización de defensa territorial o cultural: Tu testimonio importa. Tu palabra es verdad. No estás sola.
Existen redes de cuidado para sostener tu proceso al ritmo que necesites, con el acompañamiento que requieran, garantizando tu seguridad y respetando tus decisiones.
Puedes denunciar de forma anónima o identificada. Puedes solicitar solo acompañamiento emocional o también legal. Puedes decidir el nivel de publicidad que quieres dar a tu caso.
Respetamos tu autonomía completamente. Estamos aquí para lo que necesites.
Para nuestras comunidades
La sanación colectiva no es posible sin verdad, sin justicia, sin transformación real.
No podemos construir futuros indígenas dignos sobre el silenciamiento de las violencias que habitamos en el presente.
Una de nuestras compañeras lleva razón cuando escribe: «¿Cómo resignificar la vida de las juventudes y de las mujeres protegiendo a los violentadores? Se han olvidado de los principios, la complementariedad entre hombres y mujeres, la justicia y sobre todo una vida plena.»
Otra ha nombrado: «Me niego a formar parte de un movimiento de lucha social que dice estar defendiendo su territorio, pero que no tuvieron el valor de romper los pactos patriarcales para acompañar a nuestra comunidad en el proceso de reparación frente a la violencia hacia los cuerpos de las mujeres y disidencias.»
En otra denuncia describen: «Deseamos espacios de respeto y compañerismo donde las críticas sean constructivas, donde se privilegie la verdad, y donde todas las voces —incluidas las de las mujeres que no se someten a opiniones dominantes— sean escuchadas y valoradas.»
Todas nos están diciendo la misma verdad desde diferentes territorios: nuestros espacios de resistencia están reproduciendo las violencias que decimos combatir.
Este es nuestro trabajo más difícil y más necesario. Y ya no podemos posponerlo más.
A todas las mujeres que han denunciado públicamente la violencia, y por todos los casos silenciados: compañeras, las sostenemos, las honramos, caminamos con ustedes. Su digna rabia es también nuestra fuerza colectiva.
A los agresores señalados: asumir responsabilidad es el único camino. La reparación requiere verdad, reconocimiento público y transformación profunda. El tiempo de evasión terminó. Su silencio lleva años siendo ensordecedor. Las comunidades esperan respuestas.
No volverán a tener nuestro silencio
Aquí estamos todas, todes. Y no pararemos hasta que cada espacio sea realmente seguro para defender la vida.
Por la defensa de todos los territorios, empezando por nuestros cuerpos que no serán zonas de sacrificio. La lucha por la Madre Tierra empieza por cuidar y sostener una responsabilidad compartida de desestructurar la violencia patriarcal. Va a caer.
Pronunciamiento de Futuros Indígenas – Milpamérica