El levantamiento del zapatismo transformó el debate nacional y abrió el camino para el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, incluidas las mujeres como sujetas políticas.
A treinta años del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el antropólogo Héctor Díaz Polanco afirma que la lucha por la autonomía indígena no solo marcó un momento histórico, sino que redefinió el lugar de los pueblos originarios y afrodescendientes en la vida política nacional.
Desde su participación directa en las mesas de negociación entre el EZLN y el Estado mexicano, Díaz Polanco sostiene que el proceso ha sido complejo, profundo y determinante para posicionar la libre determinación como un derecho colectivo legítimo.
“El levantamiento convirtió la cuestión indígena en un tema de carácter nacional. Ese es uno de sus mayores aportes históricos”, señaló.
La negociación, un proceso en dos caminos
Héctor Díaz comentó que el proceso de diálogo se desarrolló en dos niveles paralelos. Por un lado, una asamblea amplia de asesoras y asesores indígenas y no indígenas, analizaba y acompañaba el proceso. Por otro, el EZLN designaba a sus representantes para negociar directamente con el gobierno federal.
Díaz Polanco fue elegido en las tres fases como integrante de la delegación zapatista en el tema de autonomía, participando en reuniones clave junto a figuras como Antonio García de León, el obispo Samuel Ruiz García y el sociólogo Pablo González Casanova.
Su posición, explicó, le permitió observar de cerca tanto las tensiones internas como la presión ejercida por el Estado mexicano.
“No estábamos frente a una discusión menor. Era un enfrentamiento político con un Estado que utilizó todos sus recursos para contener las demandas de los pueblos”, dijo.
Una disputa que transformó el debate nacional
De acuerdo con el antropólogo, el zapatismo provocó una profunda transformación al colocar la autonomía indígena en el centro del debate público.
Sin embargo, este proceso también abrió una etapa de confrontación política intensa. Mientras algunos sectores impulsaban un enfoque nacional de la autonomía, otros defendían la construcción desde los territorios, las comunidades y los pueblos.

Estas discusiones, aunque complejas, permitieron ampliar la comprensión sobre el carácter colectivo de los derechos indígenas y su vínculo con la transformación del Estado.
“El debate alcanzó niveles extraordinarios de profundidad, aunque también enfrentó divisiones internas y fuertes presiones externas”, explicó.
Mujeres indígenas y pueblos afrodescendientes: sujetas de derechos
Para la Agencia de Noticias de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes (Notimia), uno de los aspectos más relevantes del proceso actual es el reconocimiento creciente de sectores históricamente excluidos, particularmente las mujeres indígenas y los pueblos afrodescendientes.
Díaz Polanco destacó que las reformas recientes y las nuevas propuestas legislativas incorporan por primera vez el reconocimiento explícito de los derechos de las mujeres indígenas, así como la participación de los pueblos afromexicanos en el marco jurídico nacional.
Este avance representa un paso fundamental hacia una autonomía más incluyente y justa, donde las mujeres no solo son reconocidas como parte de sus pueblos, sino como actoras políticas con voz propia en la construcción de sus sistemas normativos, territoriales y comunitarios.
Transformaciones nacionales y nuevos horizontes
Desde una perspectiva histórica, Díaz Polanco subrayó que los mayores avances en materia de derechos colectivos suelen ocurrir en contextos de transformación nacional.
En ese sentido, consideró que el actual proceso político conocido como la cuarta transformación ha permitido avances que anteriormente no habían sido posibles bajo gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional.
Entre estos avances mencionó reformas constitucionales, planes de justicia para pueblos indígenas y la elaboración de una nueva ley general que busca hacer efectivo el ejercicio de la autonomía en los niveles comunitario, municipal y regional.
Una lucha que continúa
A tres décadas del levantamiento zapatista, la autonomía sigue siendo un proceso en construcción. Para los pueblos indígenas y afrodescendientes, especialmente para las mujeres que sostienen la vida comunitaria, esta lucha representa no solo un reconocimiento jurídico, sino la posibilidad de decidir sobre sus territorios, sus formas de gobierno y su futuro.
“El zapatismo abrió una oportunidad histórica. Lo que vemos hoy es resultado de una lucha larga, colectiva y profundamente transformadora”, concluyó Díaz Polanco.
Texto: Malinalli Martínez
Foto/Archivo: Juana García