Las abejas sin aguijón, también llamadas meliponas, son mucho más que polinizadoras: son guardianas del territorio, la memoria y la vida comunitaria. En regiones indígenas como el pueblo Ñuu Savi y Maya de Yucatán, el cuidado de las abejas expresa una forma de defender los derechos colectivos frente a la crisis ambiental, el despojo territorial y la imposición de modelos extractivos.
Resistencia en territorios erosionados
La Mixteca donde predomina el pueblo Ñuu Savi es una de las regiones históricamente más afectadas por la degradación ambiental, la migración forzada y el abandono institucional. Aun así, en sus cerros, barrancas y patios, familias sobreviven con las abejas sin aguijón como Scaptotrigona mexicana, Nannotrigona perilampoidesy Plebeia spp.
Estas abejas sostienen la polinización de la milpa, de plantas medicinales y del monte, contribuyendo a la seguridad alimentaria local.
El manejo de las meliponas en la Mixteca, se realiza de forma doméstica y comunitaria, muchas veces en troncos o en cajas rústicas, sin una lógica de explotación intensiva. La miel es usada principalmente con fines medicinales y rituales, lo que refleja una relación basada en el cuidado y la reciprocidad.

De igual manera, en la península de Yucatán, la meliponicultura tiene raíces milenarias. La Melipona beecheii, conocida como xunán kab (señora abeja), ocupa un lugar central en la cosmovisión Maya. Su miel es considerada medicina sagrada y se utiliza para curar enfermedades oculares, respiratorias y espirituales.
Junto a ella, se manejan especies como Scaptotrigona pectoralis y Tetragonisca angustula. Los meliponarios tradicionales, llamados nail kab, son espacios vivos donde se resguarda el conocimiento ancestral.
En municipios como Tahmek, Yucatán, familias mayas han impulsado la recuperación de meliponarios comunitarios como estrategia de defensa territorial, educación ambiental y fortalecimiento cultural.
Defender estas prácticas es defender el derecho de los pueblos a conservar su patrimonio biocultural.
El meliponario: casa de abejas, casa de saberes
El meliponario no es sólo un espacio productivo: es un lugar de aprendizaje intergeneracional. Ahí se transmiten conocimientos sobre la flor de miel, es decir, las plantas nativas que alimentan a las abejas y definen las propiedades medicinales de la miel.

Cuidar la flor de miel implica proteger el monte, los árboles y la diversidad vegetal, frente a los monocultivos y los agroquímicos en las comunidades.
Comunicación comunitaria y fiestas de la vida
La defensa de las abejas sin aguijón también se expresa en la palabra. Radios comunitarias, escuelas autónomas y festivales locales han comenzado a visibilizar la importancia de las meliponas. Un ejemplo significativo fue el Primer Festival de las Abejas en Oaxaca.

Un espacio de encuentro entre comunidades, meliponicultores, comunicadores y defensores del territorio, donde se compartieron saberes, semillas, mieles y estrategias de cuidado colectivo.
Desde la comunicación comunitaria, estos encuentros fortalecen el derecho a la información, a la identidad cultural y a narrar el territorio desde la voz de los pueblos.
Defender a las abejas es defender el futuro
Las abejas sin aguijón nos enseñan que la vida se sostiene en lo colectivo y en el equilibrio. Protegerlas en los pueblos Ñuu Savi y en el mundo Maya es una acción concreta frente a la crisis climática y una afirmación de los derechos humanos y territoriales de los pueblos indígenas. Sin abejas no hay monte, sin monte no hay comunidad, y sin comunidad no hay futuro.
Noemi Isabelle Arnold autora del libro “Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca”, nos cuenta como inicia este trabajo.
Sabiendo que en Oaxaca hay una gran diversidad biológica y cultural, la autora documenta sobre las abejas sin aguijón y hace un estudio interdisciplinario desde saber qué climas prefieren las abejas, vegetación, dónde se encuentran. Pero también desde los enfoques culturales, dónde se cultivan, qué especies se cultivan, qué saben sobre los productos medicinales y que nombres les dan en diferentes idiomas. Este estudio se realizó en 70 comunidades en distintas regiones de Oaxaca.

El libro Las abejas sin aguijón y su cultivo en Oaxaca, permite entender que la meliponicultura no es solo una práctica productiva, sino una expresión del derecho de los pueblos indígenas a conservar, transmitir y a decidir sobre sus conocimientos tradicionales y sus bienes bioculturales. Desde una mirada de derechos humanos, la defensa de las abejas sin aguijón se conecta directamente con el derecho al territorio, a la alimentación, a la salud y a la autodeterminación de los pueblos.
Insiste en la necesidad de construir puentes entre el conocimiento académico y los saberes comunitarios, no como una relación jerárquica, sino como un diálogo horizontal. Esta apuesta es clave para garantizar el derecho a la comunicación de los pueblos indígenas: comunicar desde el territorio, con lenguas propias, y para el fortalecimiento comunitario.
Texto: Malinalli Martínez
Fotos: María Elisa Chavarrea