
El Carnaval de Coyolillo es la celebración de la libertad, recuerda a las familias afromexicanas el día que eran libres en las haciendas de Actopan, un municipio ubicado a 30 kilómetros de Xalapa, Veracruz.
“Era el día que se les otorgaba a nuestros antepasados que vivían en condición de esclavitud, era el día que se les daba libre, el martes de San Juan Carnaval y entonces aprovechaban para disfrazarse y ocultar su identidad”, explica Daniela Carreto López, integrante del Comité Organizador.
“Disfrazado”, “Negro” o “Jeje” son los títulos que se escuchan y abren las puertas al inicio del Carnaval, para mostrar la herencia africana tanto en la cocina como en las calles del poblado, donde con elementos gastronómicos y performáticos se reviven los rituales ancestrales.
“El disfrazado tiene la función de ocultar su identidad, incluso hay personas que cambian de zapatos, que se intercambian sus trajes, de máscaras, para que no los reconozca nadie. También es algo que se está descuidando y perdiendo”, dice Daniela Carreto.

Lo anterior llevó a que, durante el año 2020, muchas mujeres decidieron tomar un disfraz. En la actualidad realizan acciones para preservar el ritual, como el ponerse la máscara de madera con un hilo resistente y una protección debajo para evitar el roce con la piel.
“Había disfrazados que empezaban a las doce del día y terminaban a las diez de la noche, algunos no se quitaban la máscara. Había mucho cuidado de que no supieran ni con quien bailaban. Hay que tener condición para atreverse a disfrazar porque hay que reír, saltar, correr, bailar, imitar una voz, pero sin que sepan quién eres por nada del mundo. Hay una energía dentro del traje”, explica.
La máscara entra en la vida de los habitantes de esta comunidad afrodescendiente de manera especial entre los doce y quince años de edad, cuando van a los talleres y hacen su primera máscara. Aunque también hay una preocupación por la pérdida del traje tradicional, por ello, han abierto talleres y grupos de mujeres se han organizado para llevar a cabo los aprendizajes sobre la hechura de las máscaras.

El Carnaval se ha ido actualizando y una de los resultados es que, la representación femenina se hace presente, ahora hay más mujeres con disfraz, lo que antes no se permitía. “En el carnaval 2020 con la corte juvenil, iniciamos algo que se llamó el reto de los 100 disfrazados y en el año 2021, no hubo necesidad de corte real y las mujeres nos disfrazamos y eso se ha mantenido”.
El Carnavalito
En Coyolillo, también se puede disfrutar el Carnavalito, es una versión que se celebra con los niños y niñas, donde se busca fortalecer la identidad. La reina junto con sus princesas está presente y regalan dulces y otras cosas para todos los asistentes.

Aitana y Britani, son dos niñas de 8 años de edad que les gusta mucho asistir para ir atrás de la música y bailar, correr detrás de alguien, saltar como un toro. Son parte de las actividades que desarrollan los niños que van aprendiendo a ser parte de los rituales, en especial saltar, ya que, de acuerdo a la máscara que portes es como actúas; toro, venado, burro, “es como un portal para conectar con nuestra ancestralidad, al momento en que ocultas tu identidad puedes ser lo que tú quieras”.

Los disfraces pueden ser usados a muy temprana para acostumbrarse e incluso siendo un bebé pueden portar su traje, su sombrero y sus cascabeles, lo que genera el sonido en sus vestuarios.
La cocina afro en los días de Carnaval
La cocina, es uno de los principales elementos que dejan ver los vínculos y la conexión que los habitantes tienen con África. Maricruz quien es la reina de la gastronomía por todo el conocimiento que tiene como cocinera tradicional, recuerda que desde muy pequeña aprendió a hacer la comida afro, de la mano de sus abuelos, “mi abuela me enseñó a hacer todo lo que se hacía en el carnaval, como los chiles rellenos, las tortas de plátano verde y de calabaza y que son muy laboriosas. Me gusta que no se pierdan nuestras tradiciones, luego las personas ya nos las quieren hacer porque cuesta mucho”, platica emocionada.

Las hierbas de olor, la manteca y la sazón son los elementos que Maricruz defiende como parte de los platillos, pueden incluir malanga y chayote. Sin embargo, el chile relleno es uno de los principales platillos para estas fechas de Carnaval. Desde hace varios años se pretende reunir cientos de estos chiles en un solo lugar, para romper el récord. Por ejemplo, en 2024 reunieron mil 301 chiles, de este evento se hace cargo el comité del Chiletón, ahora han incluido una torta dulce como postre para los asistentes.
“Yo pensaba: cuando sea grande voy a hacer máscaras como mi abuelo, él era un negro, papá de mi mamá, mi mamá se llamaba Soledad Carranza López y mi papá Francisco Barradas, mi mamá tiene 22 años que murió, eran de aquí de Coyolillo. Mi abuela y mis tías hacían los trajes”.

En la fiesta los disfrazados andan casa por casa pidiendo chiles o pidiendo la torta, vestidos de trajes de colores y con un sombrero grande sobre la cabeza, medias de colores y cascabeles que simulan los coyoles.
Perseguir a los niños y adultos anunciando el carnaval con un cencerro y decir; “cotejo, cotejo”, “jeje no persigue”, “ese negro no persigue”, resuena en las calles junto a la coronación de los reyes y reinas en las distintas categorías como la reina de la gastronomía y del rey de la batucada, así como las reinas infantiles y su corte real son parte de esta celebración.

Se trata de una fiesta que se desarrolla desde la autonomía y que no recibe dinero de instancias municipales, ni de instituciones. La organización es comunitaria y pretenden mantenerla así, desde la venta de diversos insumos y rifas solidarias con la intención de tener un recurso que ayude a mantener viva la representación de la cultura Afromestiza de Veracruz, en México.
Texto/Fotos: Gishem Hernández M.