Guardianas de la lengua luchan por mantener viva la memoria de los pueblos

“Estoy viendo cómo van avanzando, algunos ya hablan, otros platican. La mayoría ya puede pronunciar las palabras y otros ya entienden bien el chinanteco. Es lo que más me da gusto”, cuenta la maestra Juana Toledo, quien adaptó una escuelita en el patio de su casa, para compartir y enseñar la lengua Juú Jmii a infantes y jóvenes de un pueblo de Oaxaca, al Sur de México.

En el mes de marzo, se abrieron cuatro escuelitas Chinantecas: una en Villa Nueva y tres en Río Manzo en la región de Papaloapan, al igual que otras tres en San José del Progreso y Villa de Tututepec, en la Costa de Oaxaca. Otras cuatro escuelitas Totonacas en Ixtepec, en la Sierra Nororiental de Puebla. Y aunque día a día, los niños aprenden nuevas palabras en la lengua materna de sus madres, padres, abuelas y abuelos, el contexto actual de las comunidades es un desafío, afirman las maestras y guardianas de la lengua.

“La paga será que algún niño o padres de familia regresen a hablar nuestra lengua, que no se apenen”

En la casa de la maestra Juana Toledo, en un patio amplio con techo de lámina y a una temperatura arriba de 35 grados centígrados, los infantes se reúnen una o dos veces a la semana para aprender y compartir la palabra en Juú Jmii nombrada por el Estado como chinanteco. Entre las actividades de enseñanza está el cantar, jugar con palabras y nombrar las cosas de uso cotidiano, como el maíz, el frijol, los saludos, el nombre de los animales, ríos, entre otros, todo en la lengua, sin intervención del idioma español.

La maestra señala que, deben de aprender cada elemento que los identifique como pueblo Chinanteco, lo mismo ocurre con el resto de las escuelitas.

“Es para sembrar en cada una de las comunidades el amor a la lengua, reconocer lo valioso desde los contextos locales, donde las mismas personas y niñeces que participan van conociendo el rol que tiene su idioma, para identificar las distintas formas de nombrar la vida desde sus lenguas, conforme a la tradición cultural de la comunidad”, indica uno de los objetivos del programa Abriendo Surcos, liderado por la Agencia de Noticias de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes (NOTIMIA), el cual ha hecho posible la apertura de las escuelitas junto con el esfuerzo de las maestras.

Entre los sueños de Juana, una mujer de más de 60 años de edad, es que sus estudiantes logren sus sueños acompañados siempre de su lengua materna. “Sueño que no dejen hacer lo que hacían sus abuelos, pero tampoco de lo que ellos quieren, pero siempre con el orgullo de hablar Chinanteco”, indica.

En México, de acuerdo a INEGI 2020, había 7 mil 364,645 personas de 3 años y más que hablaban alguna lengua originaria.

Aprender desde la oralidad

“Abriendo Surcos” es un proyecto que fue pensado en la oralidad de los pueblos, cada maestra aprendiz, (guardiana de la lengua), use la lengua de manera natural y con elementos cotidianos que se usa en la comunidad con su propia estructura y secuencia, para que sea reproducido por las niñeces también de forma natural.

“Aquí la oralidad tiene un papel natural preponderante en la comunicación que es aprender a escuchar y hablar la lengua, reforzando la teoría de decir haciendo, jugando, platicando, haciendo todo lo que hable, es decir, que las palabras y las imágenes se construyen a partir de los lentes de los niños y las niñas”, explica la metodología que se ha adaptado para este proyecto.

Cuando los niños asisten a sus clases, saludan en la lengua de donde está ubicada la escuela, no se les permite hablar el español, haciendo así el uso de su lengua materna de manera natural. Los cantos, juegos y demás es a través de su propia lengua.

“Los niños le están echando todas las ganas que pueden. Mis niños son muy lindos, además, ellos necesitan mucho amor para poder retomar esta lengua que ya se está perdiendo”, enfatiza la maestra Salome Pérez, desde las sombras de un árbol a orillas del río Manzo ubicado en el pueblo Río Manzo. La maestra agrega que las actividades a veces son en el campo, o en espacios abiertos, porque es necesario reconocer su territorio y aprender desde ahí los saberes de las abuelas y abuelos.

En el proceso de adquisición o fortalecimiento de las lenguas, es importante la repetición, “sin perder de vista que se debe basar en una relación amorosa para con la lengua y con los participantes haciendo un ejercicio relacionado con temas específicos que hay en la comunidad como un hilo conductor a desarrollar”.

Así, cada una de las maestras, va reproduciendo el método desde sus propios entornos. Las maestras son mujeres que en su vida diaria son amas de casa, campesinas, artesanas y docentes. Por ejemplo, Juana es ama de casa e intérprete de la lengua Juú Jmii o chinanteco. Mientras que Magdalena de Ixtepec es campesina y ama de casa.

Por discriminación y racismo, dejan de hablar su lengua materna 

Las maestras han preguntado a sus estudiantes los motivos de no querer hablar su lengua, casi todos coinciden que las burlas y señalamientos en sus escuelas ha sido la causa. “Yo les he preguntado por qué han sentido vergüenza, dicen que sienten pena y que en algún momento se han burlado de ellos. Pero ahora ya se les ha quitado un poco la pena y son conscientes del valor que representa su lengua en el pueblo, pero también allá fuera”, detalla una de las mujeres.

Aunque las lenguas de tu´un savi y Juú Jmii de los cuales se está recuperando y fortaleciendo en Oaxaca, así como el totonaco en Puebla no están entre las que está en peligro de extinción de manera inmediata, los jóvenes cada día lo hablan menos.

En el contexto de los pueblos originarios, la maestra Salome enfatiza que deben involucrarse las autoridades y la propia comunidad para acompañar a las niñeces y a las juventudes a fortalecer su idioma. “Creo que es necesario que también las autoridades generen mesas de trabajo, talleres y actividades de recreación en donde sea obligatorio volver hablar nuestra lengua, antes de perder todos los conocimientos de los abuelos”.

Al menos en Río Manzo, solo los adultos hablan su lengua materna. En muchas familias, los padres han dejado de comunicarse con sus hijos en chinanteco. “Ya no lo quieren hablar y los pocos que lo hacen, se burlan de ellos. Al principio de este taller, ellos no querían hablar nada, sólo se reían y se reían. Ahorita ya es un gran avance, porque se resistía en no hablar ni repetir nada”, añade la maestra Juana.

Texto/Fotos: Juana García